Todas las ciudades tienen lugares emblemáticos por los que son reconocidas, sitios que se vuelven referentes para sus habitantes y que son dignos de ser visitados por los turistas. Son parques, plazas, calles y construcciones que se convierten en verdaderos íconos que transmiten identidad y sentido de pertenencia a los pueblos.


En el caso de Armenia, la carrera 14, entre la plaza Bolívar y el parque Sucre, conocida como La Calle Real o centro comercial de cielos abiertos, cumple esta función. Desde su construcción como peatonal hace cerca de una década, con su alegoría al cultivo del café, este lugar, de nueve cuadras de extensión, se volvió centro de encuentro ciudadano y el lugar a donde quieren llegar los turistas que arriban a la ciudad y departamento.

Es conveniente recordar que durante los años posteriores a su construcción la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío se dio a la tarea de impulsar el denominado ‘Pacto Ciudadano’ que sirvió para que comerciantes y peatones se apropiaran de La Calle Real, la disfrutaran y se comprometieran con su conservación. Desafortunadamente llegaron años de olvido y el lugar paulatinamente se deterioró. Hubo descuido en el mantenimiento de su infraestructura y amueblamiento urbano, indiferencia ciudadana por su preservación y olvido de las autoridades por su control.

Afortunadamente el espíritu cívico que conservamos los armenios ha hecho que resurja el interés por recuperar este lugar espectacular que muy pocas ciudades colombianas se dan el lujo de tener. En este propósito estamos comprometidos, la administración municipal, autoridades de policía, instituciones públicas y privadas, empresas de servicios públicos, comerciantes, medios de comunicación, residentes del sector y ciudadanía en general, en recuperar su esplendor, empeño colectivo que empezó a dar frutos con la denominada ‘Jornada de amor por Armenia en La Calle Real’ que lideró la alcaldía el pasado 10 de junio.

Este momento de civismo debemos aprovecharlo para retomar el diseño inicial de la peatonal que es un homenaje a la cultura del café, con el fin de dotarla de la señalización apropiada. Es hora que todos nos comprometamos con el aseo del lugar, que velemos por la seguridad de día y de noche, que evitemos transformar sus senderos en ciclovías, que controlemos la invasión del espacio públicos que se da con el expendio de comestibles, llamadas por celular y mercancías varias, que erradiquemos la venta de estupefacientes y el consumo de licor denunciados en el parque Sucre y plaza Bolívar, y que regulemos las manifestaciones culturales callejeras.

Pero no basta con que hagamos estas labores colectivas, La Calle Real requiere de una administración adecuada y permanente del espacio público, que la alcaldía le destine los recursos necesarios para su mantenimiento y que la dotemos de una especie de gerencia y junta cívica que vele por su mantenimiento. No olvidemos que este es el sitio de encuentro por excelencia de los ciudadanos del centro de Armenia, objetivo con el que está comprometida la Cámara de Comercio.