Hace algunos días, Julián Domínguez, presidente de Confecámaras, escribió en una de sus columnas de opinión sobre la formalidad, y trajo a colación un aparte de la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional donde se afirma que “la inscripción registral otorga a las empresas mayor visibilidad, no solo en el mercado, sino también para los Estados, que de ese modo pueden identificar más fácilmente a las mipyme que necesitan apoyo y diseñar los programas adecuados con ese fin”. Y más allá de la importancia de este registro, que le permite a los gobiernos e instituciones entender las dinámicas de sus regiones y ejecutar políticas de acuerdo a esta radiografía, quiero hacer énfasis en los beneficios que para los empresarios trae la formalidad cuando deciden iniciar cada año “haciendo las cosas bien”.

Con la campaña Hacer las cosas bien, lanzada en esta época de renovación, hemos querido fomentar la importancia del registro mercantil como el camino hacia el desarrollo competitivo de los negocios, y es que el resultado de hacer las cosas bien representa para los empresarios la posibilidad de ver crecer sus negocios, acceder a mercados internacionales, capacitar y actualizar a sus equipos de talento humano, incrementar su productividad, acceder a créditos y proyectos del gobierno, ser visibles y reconocidos en sus regiones, pero sobre todo, obtener credibilidad ante proveedores y clientes para la ampliación de negocios, aspectos que se logran únicamente bajo la sombrilla de la formalidad.

Estamos a pocos días de culminar la jornada de renovación y es aquí donde reforzamos la invitación no solo a empresarios sino a las instituciones y el gobierno departamental, a fomentar la formalidad como el camino hacia la generación de empleo, la sostenibilidad y organización en las ciudades y la inversión de aquellos que han puesto su mirada en el Quindío como destino potencial.

Para nadie es un secreto que los índices de informalidad afectan la economía interna del departamento, atrayendo competencia desleal para los empresarios formales, inseguridad, ocupación del espacio público, riesgo en sanidad para clientes, empleos inestables, estancamiento de la dinámica empresarial, piratería, entre otras problemáticas. En resumen, la formalidad no es otra cosa que el resultado de hacer las cosas bien, un tema incluso cultural que permea aspectos sociales y de conductas positivas en la ciudadanía.